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Discos Duros SSD

Los discos duros más rápidos son los SSD, y en PcComponentes te ofrecemos un gran repertorio de discos SSD de las mejores marcas como Kingston, Crucial, Sandisk, Samsung para que experimentes todo lo que te ofrecen estas unidades de almacenamiento: mayor velocidad, menor consumo y ruido y un precio excepcional. Puedes utilizarlos como un disco duro SSD interno o bien configurarlo como SSD Externos.

Los discos duros más rápidos son los SSD, y en PcComponentes te ofrecemos un gran repertorio de discos SSD de las mejores marcas como Kingston, Crucial, Sandisk, Samsung para que experimentes todo lo que te ofrecen estas unidades de almacenamiento: mayor velocidad, menor consumo y ruido y un precio excepcional. Puedes utilizarlos como un disco duro SSD interno o bien configurarlo como SSD Externos.

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¿Qué es un disco duro SSD?

Los discos SSD se denominan así porque hacen alusión a las palabras inglesas Solid State Drives, que en español se traduce como ‘unidad de disco sólido’. Se llama así a este tipo de elemento porque carece de partes móviles, algo bastante ventajoso tanto en la operatividad del mismo como en su eficiencia. No integra disco sólido, sino que almacenan la información en un dispositivo de memoria volátil. Los discos SSD dan menos errores, son más resistentes al movimiento y permiten una mayor velocidad de carga y rendimiento. Aquí encontrarás la mejor selección tanto de discos duros SSD internos como externos.

¿Qué memoria SSD comprar?

Al igual que ocurre con cualquier otro elemento de un equipo informático, no se puede recomendar únicamente una memoria SSD. El mejor disco duro SSD a nivel técnico puede estar fuera del alcance de algunos usuarios, y a la vez hay que sondear muy bien las posibilidades que ofrecen unos y otros tipos o marcas. Sobre los tipos de disco duro SSD te recomendamos los NVME, mientras que respecto a las marcas no tenemos dudas de que las memorias SSD fabricadas por Kioxia, Samsung y WD están en lo más top de nuestro ranking, ¡con ellas no fallarás nunca!

¿Cuánto cuesta un disco SSD?

El precio de un disco SSD varía en función de su capacidad, su tecnología y su fabricante, de ahí que el importe de nuestras selección de discos duros SSD oscile entre los poco más de 20€ y los algo más de 2900 euros. Lo único que tienes que decidir es qué tipo de memoria SSD prefieres (nosotros te recomendamos las NVMe), cuánta capacidad de almacenaje digital necesitas y cuánto quieres gastar. Tu elección dependerá de tus necesidades y de lo importante que consideres que son los datos que necesitas guardar.

¿Qué es un disco duro SSD?

Un SSD, también conocidos como discos SSD o discos sólidos son la última revolución en dispositivos de almacenamiento.

Se les llama discos sólidos porque prescinden de partes móviles, característica definitoria de un disco duro tradicional (cabezales, platos, ejes, etc), lo que ha permitido por un lado reducir el ruido generado, y por otro, eliminar de un plumazo el desgaste  físico de sus componentes debido a que no existen piezas móviles. Si tienes uno o quieres instalarlo, te ayudamos a sacar el máximo rendimiento a tu disco SSD.

Están compuestos por chips de memoria llamada memoria NAND Flash, un tipo de memoria de gran velocidad que se estructura en módulos compuestos de semiconductores conectados a una placa con una interfaz SATA (conexión por cable SATA) o M.2 (conexión mediante PCI-e).

No todos los chips NAND Flash son iguales. En un SSD podemos encontrar SLC, MLC, TLC, y próximamente QLC. Estas siglas corresponden a la cantidad de bits de información que se puede almacenar en cada celda de memoria del chip: SLC es el acrónimo de Single-Level-Cell, un solo bit de información por celda; MLC corresponde a Multi-Level-Cell, dos bits de información por celda; TLC (Triple-Level-Cell) indica que la unidad almacena hasta 3 bits por celda; y recientemente se está desarrollando la nueva estructura QLC, Quad-Level-Cell, que permitirá almacenar hasta 4 bits de información en cada una de las celdas que componen los módulos de almacenamiento de un disco SSD.

Esto se traduce en que en una matriz de 16 GB de memoria NAND podemos almacenar 16 GB de información si es SLC, 32 GB en la MLC, 48 GB en TLC y hasta 64 GB en QLC, lo que se traduce en multiplicar la capacidad de almacenamiento del dispositivo sin repercutir en su tamaño.

Hay técnicas para mejorar tu SSD. Prescindir de partes móviles y pasar a un sistema de acceso a datos basado en buses de comunicación ha permitido multiplicar la velocidad de lectura y escritura hasta llegar a los varios gigabtytes de información por segundo.

Este aspecto es la seña de identidad de los discos duros SSD, junto a la eliminación de la fragmentación, otro factor que hace que estas unidades sean más rápidas de forma inherente.

Un SSD se compone básicamente de tres elementos, que combinados, proporcionan un rendimiento ostensiblemente mejor que los discos duros tradicionales.

La controladora es un procesador que se encarga de mantener la estructura de memoria NAND que conforma el disco duro sólido y es, sin duda, el elemento más importante de SSD.

Los discos duros SSD disponen de una memoria caché, como cualquier otro disco duro, en la que almacena en un directorio la información con la que está trabajando, a modo de índice, hasta que se apaga el dispositivo.

Por último encontramos el condensador, cuya función es salvar la información del disco SSD si se interrumpe la corriente de energía de forma abrupta, pasándola de la memoria caché (volátil) a la memoria NAND (no volátil).

Ventajas del disco SSD frente al HDD

Las ventajas de los discos SSD con respecto a los discos antiguos son múltiples y variadas, siendo las más notorias su estructura y velocidad.

La estructura de un disco duro SSD no contiene las partes móviles tradicionales, cabezales y discos, sino que está construido formando una placa con piezas fijas, módulos de memoria NAND y buses de conexión principalmente.

Dicha estructura es la que le confiere todas las ventajas que podemos disfrutar en un SSD: mayor velocidad, resistencia a golpes, durabilidad y ruido prácticamente inexistente.

Al no existir piezas móviles, el desgaste es muchísimo menor, consiguiendo un aumento de horas efectivas de uso muchísimo mayor. La desaparición del cabezal y los discos ha desembocado en un acceso directo a los datos almacenados en los módulos de memoria (con una estructura similar a la de un pen drive). En los discos duros antiguos, el cabezal debía dirigirse hacia la parte del disco en la que se encontraba la información y comenzar a leerla. Además, en muchas ocasiones, podríamos encontrarnos con que la información estuviera fragmentada, es decir, almacenada en distintas partes del disco, incluso en otro plato, ocasionando una lentitud que se tornaba exasperante en algunos momentos. Ahora todo funciona de forma mucho más fluida al no existir fragmentación y acceder directamente a los datos mediante buses de comunicación.

Como consecuencia de, sí, otra vez de las partes móviles, se ha reducido el nivel de ruido del disco SSD hasta prácticamente hacerlo inaudible, logrando una sensación de ruido cero ante el oído humano.

La reducción del consumo y de temperatura también son manifiestas en el uso diario de un SSD. Unido al resto de factores, comprar un SSD es una apuesta por la innovación y el rendimiento bruto y neto de tu ordenador, ya sea apostando por un SSD interno o un SSD externo.

¿Qué es un disco duro SSD?

Un SSD, también conocidos como discos SSD o discos sólidos son la última revolución en dispositivos de almacenamiento.

Se les llama discos sólidos porque prescinden de partes móviles, característica definitoria de un disco duro tradicional (cabezales, platos, ejes, etc), lo que ha permitido por un lado reducir el ruido generado, y por otro, eliminar de un plumazo el desgaste  físico de sus componentes debido a que no existen piezas móviles. Si tienes uno o quieres instalarlo, te ayudamos a sacar el máximo rendimiento a tu disco SSD.

Están compuestos por chips de memoria llamada memoria NAND Flash, un tipo de memoria de gran velocidad que se estructura en módulos compuestos de semiconductores conectados a una placa con una interfaz SATA (conexión por cable SATA) o M.2 (conexión mediante PCI-e).

No todos los chips NAND Flash son iguales. En un SSD podemos encontrar SLC, MLC, TLC, y próximamente QLC. Estas siglas corresponden a la cantidad de bits de información que se puede almacenar en cada celda de memoria del chip: SLC es el acrónimo de Single-Level-Cell, un solo bit de información por celda; MLC corresponde a Multi-Level-Cell, dos bits de información por celda; TLC (Triple-Level-Cell) indica que la unidad almacena hasta 3 bits por celda; y recientemente se está desarrollando la nueva estructura QLC, Quad-Level-Cell, que permitirá almacenar hasta 4 bits de información en cada una de las celdas que componen los módulos de almacenamiento de un disco SSD.

Esto se traduce en que en una matriz de 16 GB de memoria NAND podemos almacenar 16 GB de información si es SLC, 32 GB en la MLC, 48 GB en TLC y hasta 64 GB en QLC, lo que se traduce en multiplicar la capacidad de almacenamiento del dispositivo sin repercutir en su tamaño.

Hay técnicas para mejorar tu SSD. Prescindir de partes móviles y pasar a un sistema de acceso a datos basado en buses de comunicación ha permitido multiplicar la velocidad de lectura y escritura hasta llegar a los varios gigabtytes de información por segundo.

Este aspecto es la seña de identidad de los discos duros SSD, junto a la eliminación de la fragmentación, otro factor que hace que estas unidades sean más rápidas de forma inherente.

Un SSD se compone básicamente de tres elementos, que combinados, proporcionan un rendimiento ostensiblemente mejor que los discos duros tradicionales.

La controladora es un procesador que se encarga de mantener la estructura de memoria NAND que conforma el disco duro sólido y es, sin duda, el elemento más importante de SSD.

Los discos duros SSD disponen de una memoria caché, como cualquier otro disco duro, en la que almacena en un directorio la información con la que está trabajando, a modo de índice, hasta que se apaga el dispositivo.

Por último encontramos el condensador, cuya función es salvar la información del disco SSD si se interrumpe la corriente de energía de forma abrupta, pasándola de la memoria caché (volátil) a la memoria NAND (no volátil).

Ventajas del disco SSD frente al HDD

Las ventajas de los discos SSD con respecto a los discos antiguos son múltiples y variadas, siendo las más notorias su estructura y velocidad.

La estructura de un disco duro SSD no contiene las partes móviles tradicionales, cabezales y discos, sino que está construido formando una placa con piezas fijas, módulos de memoria NAND y buses de conexión principalmente.

Dicha estructura es la que le confiere todas las ventajas que podemos disfrutar en un SSD: mayor velocidad, resistencia a golpes, durabilidad y ruido prácticamente inexistente.

Al no existir piezas móviles, el desgaste es muchísimo menor, consiguiendo un aumento de horas efectivas de uso muchísimo mayor. La desaparición del cabezal y los discos ha desembocado en un acceso directo a los datos almacenados en los módulos de memoria (con una estructura similar a la de un pen drive). En los discos duros antiguos, el cabezal debía dirigirse hacia la parte del disco en la que se encontraba la información y comenzar a leerla. Además, en muchas ocasiones, podríamos encontrarnos con que la información estuviera fragmentada, es decir, almacenada en distintas partes del disco, incluso en otro plato, ocasionando una lentitud que se tornaba exasperante en algunos momentos. Ahora todo funciona de forma mucho más fluida al no existir fragmentación y acceder directamente a los datos mediante buses de comunicación.

Como consecuencia de, sí, otra vez de las partes móviles, se ha reducido el nivel de ruido del disco SSD hasta prácticamente hacerlo inaudible, logrando una sensación de ruido cero ante el oído humano.

La reducción del consumo y de temperatura también son manifiestas en el uso diario de un SSD. Unido al resto de factores, comprar un SSD es una apuesta por la innovación y el rendimiento bruto y neto de tu ordenador, ya sea apostando por un SSD interno o un SSD externo.